martes, 12 de febrero de 2013

La educación empieza por casa


               El recorrido que realizamos por diferentes pueblos de la provincia de Buenos Aires nos llevó hace unos días a la localidad de Chivilcoy, distante 164 km. de la Capital Federal, por Ruta Nacional  N° 5, Ruta Provincial N° 30 y Ruta Provincial N° 51. El partido fue fundado el 28 de diciembre de 1845 y el pueblo el 22 de octubre de 1854.
Ingreso a Chivilcoy por uno de sus accesos

                En el ejido urbano nos sorprendimos por la limpieza de las calles, sobre todo para visitantes como nosotros que provenimos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o del Gran Buenos Aires, acostumbrados a convivir con todo tipo de residuos que con el viento se arremolinan delante de las puertas de nuestras casas y los sufrimos por demás en las tormentas con calles anegadas y barrios enteros inundados.

                Desde allí nos dirigimos al Parque Lacunario Alejandro Martija, en honor a quien fuera propietario de las tierras donde hoy se asienta el predio. Por medio de un legado testamentario Don Alejandro otorgaba al municipio unas 100 hectáreas para ser utilizadas en la construcción de un parque, con balneario para la recreación de la comunidad[i]. Ubicado sobre la Ruta Provincial N° 30, a unos mil metros del cruce con la Ruta Provincial N° 51, cuenta actualmente con los servicios necesarios para hacer placentera la estancia en familia o con amigos.

                Pero hay un punto en el que debemos hacer una mención especial y es el de la limpieza. Y no me refiero a la los encargados municipales destinados a mantener en condiciones higiénicas el lugar, ya que sobre el tema no hemos visualizado inconvenientes. El problema radica en los visitantes que arrojan todo tipo de desechos en cualquier lugar, siendo que en todo el ámbito hay una importante cantidad de cestos para residuos.

                Como para muestra basta un botón, a unos metros del lugar donde estacionamos se encontraba un matrimonio con sus hijos, que al retirarse dejó en el suelo las dos botellas de bebida cola descartables. A menos de un metro de los envases había un cesto para residuos.

                ¿Qué educación les damos a nuestros niños?

                Más allá de este episodio, en los alrededores de la laguna, y donde habitan una importante variedad de aves, pudimos encontrar todo tipo de desperdicios: restos de carnada y accesorios de pesca deteriorados, abandonados por los pescadores, más envases plásticos de bebidas y envoltorios de alimentos. También, y aún cuando existen los fogones habilitados para realizar asados, en lugares donde tendría que haber césped, encontramos restos de haber prendido fuego. Los que realizan estas acciones no son niños, son personas mayores a las que no debería ser necesario cuidar como si estuvieran en un jardín de infantes.

                El sitio donde se asienta el parque fue donado por un hombre con un amplio sentido comunitario, no destruyamos ese importante aporte social alejándonos de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.

                Ojo de Gato



[i] “Tras los pasos de la historia chivilcoyana en los albores del siglo XX – desde 1970 a 1979”. La Razón de Chivilcoy

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