El recorrido que realizamos por diferentes
pueblos de la provincia de Buenos Aires nos llevó hace unos días a la localidad
de Chivilcoy, distante 164 km. de la Capital Federal, por Ruta Nacional N° 5, Ruta Provincial N° 30 y Ruta Provincial
N° 51. El partido fue fundado el 28 de diciembre de 1845 y el pueblo el 22 de
octubre de 1854.
| Ingreso a Chivilcoy por uno de sus accesos |
En
el ejido urbano nos sorprendimos por la limpieza de las calles, sobre todo para
visitantes como nosotros que provenimos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o
del Gran Buenos Aires, acostumbrados a convivir con todo tipo de residuos que
con el viento se arremolinan delante de las puertas de nuestras casas y los
sufrimos por demás en las tormentas con calles anegadas y barrios enteros inundados.
Desde
allí nos dirigimos al Parque Lacunario Alejandro Martija, en honor a quien
fuera propietario de las tierras donde hoy se asienta el predio. Por medio de
un legado testamentario Don Alejandro otorgaba al municipio unas 100 hectáreas
para ser utilizadas en la construcción de un parque, con balneario para la
recreación de la comunidad[i].
Ubicado sobre la Ruta Provincial N° 30, a unos mil metros del cruce con la Ruta
Provincial N° 51, cuenta actualmente con los servicios necesarios para hacer
placentera la estancia en familia o con amigos.
Pero
hay un punto en el que debemos hacer una mención especial y es el de la
limpieza. Y no me refiero a la los encargados municipales destinados a mantener
en condiciones higiénicas el lugar, ya que sobre el tema no hemos visualizado
inconvenientes. El problema radica en los visitantes que arrojan todo tipo de
desechos en cualquier lugar, siendo que en todo el ámbito hay una importante
cantidad de cestos para residuos.
Como
para muestra basta un botón, a unos metros del lugar donde estacionamos se
encontraba un matrimonio con sus hijos, que al retirarse dejó en el suelo las
dos botellas de bebida cola descartables. A menos de un metro de los envases
había un cesto para residuos.
¿Qué
educación les damos a nuestros niños?
Más
allá de este episodio, en los alrededores de la laguna, y donde habitan una
importante variedad de aves, pudimos encontrar todo tipo de desperdicios:
restos de carnada y accesorios de pesca deteriorados, abandonados por los
pescadores, más envases plásticos de bebidas y envoltorios de alimentos.
También, y aún cuando existen los fogones habilitados para realizar asados, en
lugares donde tendría que haber césped, encontramos restos de haber prendido
fuego. Los que realizan estas acciones no son niños, son personas mayores a las
que no debería ser necesario cuidar como si estuvieran en un jardín de
infantes.
El
sitio donde se asienta el parque fue donado por un hombre con un amplio sentido
comunitario, no destruyamos ese importante aporte social alejándonos de la
naturaleza y el cuidado del medio ambiente.
Ojo de Gato
[i] “Tras los pasos de la historia
chivilcoyana en los albores del siglo XX – desde 1970 a 1979”. La Razón de
Chivilcoy
No hay comentarios:
Publicar un comentario